Llamando tu atención

100000,200000,300000,400000... ya ni sé cuantas. Te he dedicado más palabras que a ninguna otra persona.

No sé hasta cuando llegará el día en que dé por terminadas mis absurdas aspiracíones. Si a ti ni te importa, si no te conmueve ni un poquito mi estúpido comportamiento de perrito sin dueño. Cada que me acerco a este lugar es para descargar una poca de la frustración que me ha provocado el andar sobre ti... o mejor dicho, detrás de ti.

He escrito cartas suicidas que no me he atrevido a enviarte -no te cagues de la risa, es en serio- por pura vergüenza. Yo soy tu fan anónimo -bueno, era-, yo te mando flores al trabajo, yo te dejo esos recaditos cursis pegados en el coche. Ya nomás me falta mandarte un ramito de violetas... pinche naco.

Me fracturé el dedo adrede -o a adrede?-. El día que te pedí que fueras por mi para que no me agarrara el alcoholímetro, ni estaba pedo... es más, ni siquiera había bebido -de todos modos te negaste-. Jamás he chocado con una vaca y mucho menos caido en coma.

No, no sufro esclerosis múltiple. Tampoco he sido nunca campeón de nada.

Nadie ha querido publicar las dos novelas que te escribí. No era que el jurado me tenía mala leche... simplemente apestaban.

Jamás he dado conferencias, ni he tocado con banda de rock alguna. En mi trabajo soy un empleado de tercer nivel -si hay un quinto, ahí estoy yo-, el de seguridad, con todo y su parecido a Felipín el de Mafalda, es mucho más respetado que yo.

No abandoné la carrera de filosofía y letras, ni la empecé... siendo honesto, ni sé si exista. El señor al que madreé brutalmente tenía 79 años y no tenía ningún cuchillo ni era militar. Mi familia no salió adelante gracias a mi.

Las fotos que tengo pegadas en mi cuarto son de una revista 15 a 20 que me encontré tirada por ahí, ninguna de esas chicas es mi amiga. No he leido ni un solo libro de los 500 que tengo en mi librero... me los regaló un vecino que se fue a vivir a españa... ok, no es cierto, se los compré por $200... y se fue a vivir a Huexotitla.

Nunca he tenido auto, y la verdadera razón no es que no me gusta manejar, es -por Dios, no puede ser más obvio- que no me alcanza ni para mantener la Caribe que la viejita de al lado me regaló antes de morir. Cuando voy a tu casa uso el metro hasta la estación más cercana y tomo un pesero, me quedo en la esquina desde la que ya tengo calculado que el taxi me cobra $13 a tu casa. Luego cuando me bajo siempre ves que le digo al chofer que se quede con el cambio... $2 mugrosos pesos.

Compro chocolates baratos y luego los meto en cajas pirata de Ferrero que venden en el tianguis.

El vino chileno de la otra noche era Padre Kino.

El filete mignon era en realidad hígado de res.

Las rosas se las robé a la virgencita. -Ladrón que roba a ladrón-

Uso puntos y aparte para que parezca que te escribí más.

Charros... no entiendo como no pelas a un wey que se esmera tanto en no parecer lo que es.

Eso si, soy un bloguero bien famoso.