Uno chiquito, aunque sea uno.

Te dije que primero te iba a hacer cagarte de la risa : )

Me sobran dedos para contar a las personas que me hacen sentir como tú.

Ayer fue un carnaval de risotada y nostalgia. Mis pantorrillas hoy casi no me funcionan, mi jefa me regañó por llegar tarde y no sé cómo diablos le voy a hacer para levantarme mañana... pero, qué me importa! Si ayer pude brincotear y acordárme de la letra de las rolas de la Maldita Vecindá hoy ya me siento capaz de cualquier cosa.

Debo reconocer que mis expectativas eran muy pobres, pero como siempre, te encargas de cambiarme la forma de ver las cosas. Tienes esa virtud, el cine, la música y tú tienen esa virtud. El cine tiene la desventaja de que requiere mi vista, la música mi atención. A ti te puedo ignorar por completo, puedo cerrar mis ojos y aún así sentir ese calorcito de emoción recorriéndome los brazos, nada más de saber que estás cerca de mi.

Cuando estábamos en Lost Acapulco el piso retumbaba, de repente empezaste a mover la cadera y los hombros y entonces el piso se convirtió en una nube.

Después ya no me acuerdo qué más vimos, hasta Babasónicos. Me angustió verte desesperada, no sólo por el inevitable flashback de un prescindible capítulo de mi vida, sino por ese gesto de niño chiquito que saca de mi todo ese espíritu paternal y protector. Pero por qué nunca me escuchas?... ash, pinche necia! Aunque no soy muy diferente a tí, y sabes? hasta una metáfora resultó de todo eso: contigo, al igual que con los Baba, la cosa se disfruta más de lejitos.

Luego el Jarabe, que se rifó, en el inter aprendí que podría comer hamburguesas contigo por el resto de mi vida. Mientras tocaban esa rola, me escuchaste decir la cosa más ridícula del mundo y sé que estoy condenado a que te burles de mi para siempre. Ahora que lo pienso, creo que ya nunca voy a decir nada que me salga del corazón cuando estés cerca, porque si no nunca te vas a dejar de burlar de mi. -Dios, por qué me hiciste tan ridículo?-

Y ya al final, La Maldita me hizo recordar que alguna vez tuve 10 años. Ey Pa! fuiste pacheco, TAM-BIEN, te las tronabas.

La diferencia central entre tú y yo, es que tú eres rocker y yo hippie... se nota a la hora de bailar hehehe.

Total, que ayer me divertí mucho aproximadamente 3 horas, el resto divagó entre autocontrol, manejo de las emociones... y ver traseros y cinturas jóvenes y hermosas. Gracias por ser amable en mi primera vez.

Stefani

Caleb estaba sentado en el suelo. Hacía un calor de los mil demonios.

Veía como Stefani corría tras su pelotita roja, la pateaba con la torpeza propia de su edad. Caleb pensaba que tenía muy buenas cualidades para el futbol, que podría llegar a ser capitana de la Selección Mexicana. La pequeña rubia le exigió con una mirada a su padre que se levantara a jugar con ella. El padre nunca se pudo resistir a ese par de ojos grises desde su versión anterior, la misma mirada de su esposa. Stefani ganó por tres goles.

Stefani aprendió que en las cascaritas es una tradición recompensar al ganador con un “chesco”, así que fueron a la tienda y escogió un Boing de guayaba. No se le quitó la sed.

Llegaron a casa, Stefani corrió a buscar a mamá. La puerta estaba cerrada con seguro, tocó y no recibió respuesta. Caleb le ordenó que se preparara para bañarse y la niña con lo dócil que era de inmediato obedeció.

Carla tenía los ojos rojos, se limpiaba la nariz y su respiración era acelerada. Caleb la abrazó, pasó sus manos por todo el cabello de su esposa. Hacía tres meses que Carla no saliá de su recámara, tres meses llorando, tres meses recordando. Escuchó la regadera y preguntó si era Stefani la que se estaba bañando. Caleb le dijo que si y ella sonrió.

Agrdeció con un tierno beso a su esposo por todas sus atenciones, por seguir con ella, por secar sus lágrimas, por ser padre y madre. Ella se había quedado sin fuerza para seguir con esa mentira. Carla le dijo que Stefani ya había terminado de bañarse, que le llamaba para que le pasara una toalla. Caleb tomó una toalla y salió de la recámara, desde la puerta le dijo que ya casi era hora de cenar.

Mientras Stefani se vestía, el padre se dedicó a servir la mesa. Tres platos, tres manteles, tres vasos. Se quedó sentado esperando. Se jaló el cabello, se frotó las manos, se tapó la boca y finalmente lloró. Sabía que cenaría solo otra vez.

A la memoria de Stefani...

No importa como te llamen, no importa como te imaginen.

Te extraño, te veo, te añoro y te lloro. Algún día estare contigo.