Stefani

Caleb estaba sentado en el suelo. Hacía un calor de los mil demonios.

Veía como Stefani corría tras su pelotita roja, la pateaba con la torpeza propia de su edad. Caleb pensaba que tenía muy buenas cualidades para el futbol, que podría llegar a ser capitana de la Selección Mexicana. La pequeña rubia le exigió con una mirada a su padre que se levantara a jugar con ella. El padre nunca se pudo resistir a ese par de ojos grises desde su versión anterior, la misma mirada de su esposa. Stefani ganó por tres goles.

Stefani aprendió que en las cascaritas es una tradición recompensar al ganador con un “chesco”, así que fueron a la tienda y escogió un Boing de guayaba. No se le quitó la sed.

Llegaron a casa, Stefani corrió a buscar a mamá. La puerta estaba cerrada con seguro, tocó y no recibió respuesta. Caleb le ordenó que se preparara para bañarse y la niña con lo dócil que era de inmediato obedeció.

Carla tenía los ojos rojos, se limpiaba la nariz y su respiración era acelerada. Caleb la abrazó, pasó sus manos por todo el cabello de su esposa. Hacía tres meses que Carla no saliá de su recámara, tres meses llorando, tres meses recordando. Escuchó la regadera y preguntó si era Stefani la que se estaba bañando. Caleb le dijo que si y ella sonrió.

Agrdeció con un tierno beso a su esposo por todas sus atenciones, por seguir con ella, por secar sus lágrimas, por ser padre y madre. Ella se había quedado sin fuerza para seguir con esa mentira. Carla le dijo que Stefani ya había terminado de bañarse, que le llamaba para que le pasara una toalla. Caleb tomó una toalla y salió de la recámara, desde la puerta le dijo que ya casi era hora de cenar.

Mientras Stefani se vestía, el padre se dedicó a servir la mesa. Tres platos, tres manteles, tres vasos. Se quedó sentado esperando. Se jaló el cabello, se frotó las manos, se tapó la boca y finalmente lloró. Sabía que cenaría solo otra vez.

A la memoria de Stefani...

No importa como te llamen, no importa como te imaginen.

Te extraño, te veo, te añoro y te lloro. Algún día estare contigo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

buen blog :) escribes bien
CITA: "Sabía que VOLVERíA a cenar solo OTRA VEZ." nadamas ke aguas kon esos detallitos

Guffo Caballero dijo...

Como siempre... excelente escrito, mi buen Sergio.
Le tocó ser bloguero, y de los mejores, de los más leídos, de los queridos y recordados... ¿qué más quiere?
A algunos nos toca ser famosos y no millonarios... el dinero vendrá después, jojojojo.
Un saludote.

Paho Deloula dijo...

Sniff Sniff, mi queridísimo search, usted si que escribe re bonito o re triste, o no se...

Besos!