Hospedado

Me gusta soñar contigo. Me gusta acordarme de aquellos días, caminando por la colonia Portales, visitando a tus excompañeros de la secundaria, cubriéndonos de la lluvia bajo el techito de la casa de mi vecino. Me acuerdo mucho de ti de camino a mi trabajo y siempre me pongo excusas estúpidas para que el taxi cruce inecesariamente frente a tu casa... honestamente, la nostalgia me hizo tocar a tu puerta alguna vez.

Cruzo todos los días por el mismo puente y recuerdo el día que me dirijiste la palabra por primera vez. Tengo grabados en mi memoria, palabra por palabra, los papelitos que me escribiste... "******* Paz".

Ayer me acordé de ti otra vez, sólo porque escuché hablar a alguien en el mismo tono hiriente en que tú lo hiciste ese 14 de Octubre. Me temblaron las piernas y si no me tiré al suelo a mecerme aprentándome los hombros fue porque ninguna culpa tenía mi acompañante, pero entonces mi sonrisa se borró y no ha vuelto hasta este momento... me conoces y sabes que eso es grave, muy grave.

Mi amor platónico, mi compañera, mi amiga, mi pareja... mi dolor; personalidad tras personalidad volviste. Y esas palabras que pareciera arrancaron del recuerdo de mi último día contigo se llevaban consigo una esperanza que se forjó de algunos años para acá, una idea que sostenía mi hipótesis de poder curar lo que te transformó y recuperarte para mí. Entendí que lo que te pasó no se podía comparar con un catarro, que tampoco era cuestión de arreglarlo, sino de asimilarlo... y yo con eso no puedo vivir.

Respondí como te respondí a ti, y aunque ni siquiera me implicaba, me dolió. Volví a quedarme sin dormir, volví a refugiarme en la amistad y me dieron ganas de fumar... así de crónico. Fue un flashback, un doloroso y desgarrador flashback ¿Qué hago con los restos? Ahora, por todo lo que te quiero voy a perder un mucho de lo poco que tengo. Un mucho que ni sabe, ni se quiere enterar. Un mucho que me ayudó a sobrellevarte... ¿Irónico, no? Pero así soy yo.

Ahora no soporto saberla mi amiga, no soporto saber que la quiero y no soporto que de ayer en adelante mi disposición se haya convertido en una repulsión llena de necesidad ¿cómo demonios explicar eso?

En mí está pedirle perdón, porque no supe corresponderle a su amistad, porque la maldita abominación de la atracción me jugó no chueco, chuequísimo. ¿Qué culpa tiene de que yo sea un imbécil? ¿Adónde me llevo toda la desvergüenza y el libertinaje que sólo ella me permitía y soportaba? Aunque tal vez nunca lo haya asimilado como tal, aunque tal vez nunca se haya enterado y aunque tal vez nunca le haya importado, yo la quería y la hubiera esperado. A lo mejor siempre pensó que sólo fue un juego... tenía razón.

Y todo esto lo entendí apenas ayer... debí llevarla a su casa.

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