En la pantalla y en mi vida

Ja!
Es increible lo que puede lograr la tecnología... juntas en mi pantalla. MI PASADO, MI SOPORTE y MI PRESENTE.

En una etapa de transición, de liberación y de apuesta, juntas en tres diferentes ventanas. Quisiera poner un poco de cada una dentro de la otra, pero eso es imposible y en ello radica la apuesta. Rendirse e iniciar una nueva batalla desde cero o hacer el último esfuerzo por ganar una batalla que asumo como perdida. Ya tomé mi decisión y estoy feliz con ella.

Conforme pasan los días y voy acostumbrándome a mi nueva vida me voy haciendo a la idea de que ya me tocaba, y no hacía mucho que una MUY buena y MUY QUERIDA amiga me lo había pronosticado, con unas palabras que me llegaron y que son lo único que me ha hecho sentir que me merezco algo mejor de lo que tengo desde que "lo que tengo" se volvió turbio.

Ahora empiezan a quedar cuerpos limpios en el camino, lo podrido y fétido cada vez se va quedando más lejos. Se encienden luces y puedo adivinar que algo por allá me espera, mientras una lucecita tenue por ser pequeña va guiando mis pasos a ese lugar. Me emociona no saber que me espera, me emociona y no me intriga por una razón... esta vez estoy seguro de que no puede ser nada malo.

Ja! que ridículo es llorar de felicidad...

Un poquito menos de mexicanos

Siempre me he preguntado la razón por la que los atletas paralímpicos regresan repletos de medallas a diferncia (graaan diferencia) de nuestros deportistas sin discapacidad alguna (física por lo menos) A ellos no se les da ni la mitad.del reconocimiento que se merecen en proporción al que se le da a los otros atletas, no les regalan casas las televisoras, no les entregan un cheque de cien mil pesos ni protagonizan comerciales como si fueran las grandes estrellas.

Sin embargo y a pesar del escaso reconocimiento, el desprecio de su pais, la falta de oportunidades para desarrollarse en cualquier ámbito y la discriminación de la que son objeto, esta gente va a esos lugares y entonan con orgullo el himno nacional de un pais al que le valen madre. Yo en su lugar me compondría una canción, me inventaría algún hecho heróico para anexarlo en la letra, mandaría a imprimir una foto tamaño bandera de mi cara y a ella saludaría y cantaría orgulloso mi himno personal.

Pero ese sería yo...

Ya después de pensarlo se que a final de cuentas es cachetada con guante blanco.

Lo pensé y llegué a la conclusión de que ese brazo menos, esa pierna menos, esa falta de vista, eso poquito menos que tienen de mexicanos esos atletas es lo que les hace falta a los demás para sobresalir, tener un poquitito menos mexicanos. Sin que tenga nada que ver con con cosa patriotera.

Llamando tu atención

100000,200000,300000,400000... ya ni sé cuantas. Te he dedicado más palabras que a ninguna otra persona.

No sé hasta cuando llegará el día en que dé por terminadas mis absurdas aspiracíones. Si a ti ni te importa, si no te conmueve ni un poquito mi estúpido comportamiento de perrito sin dueño. Cada que me acerco a este lugar es para descargar una poca de la frustración que me ha provocado el andar sobre ti... o mejor dicho, detrás de ti.

He escrito cartas suicidas que no me he atrevido a enviarte -no te cagues de la risa, es en serio- por pura vergüenza. Yo soy tu fan anónimo -bueno, era-, yo te mando flores al trabajo, yo te dejo esos recaditos cursis pegados en el coche. Ya nomás me falta mandarte un ramito de violetas... pinche naco.

Me fracturé el dedo adrede -o a adrede?-. El día que te pedí que fueras por mi para que no me agarrara el alcoholímetro, ni estaba pedo... es más, ni siquiera había bebido -de todos modos te negaste-. Jamás he chocado con una vaca y mucho menos caido en coma.

No, no sufro esclerosis múltiple. Tampoco he sido nunca campeón de nada.

Nadie ha querido publicar las dos novelas que te escribí. No era que el jurado me tenía mala leche... simplemente apestaban.

Jamás he dado conferencias, ni he tocado con banda de rock alguna. En mi trabajo soy un empleado de tercer nivel -si hay un quinto, ahí estoy yo-, el de seguridad, con todo y su parecido a Felipín el de Mafalda, es mucho más respetado que yo.

No abandoné la carrera de filosofía y letras, ni la empecé... siendo honesto, ni sé si exista. El señor al que madreé brutalmente tenía 79 años y no tenía ningún cuchillo ni era militar. Mi familia no salió adelante gracias a mi.

Las fotos que tengo pegadas en mi cuarto son de una revista 15 a 20 que me encontré tirada por ahí, ninguna de esas chicas es mi amiga. No he leido ni un solo libro de los 500 que tengo en mi librero... me los regaló un vecino que se fue a vivir a españa... ok, no es cierto, se los compré por $200... y se fue a vivir a Huexotitla.

Nunca he tenido auto, y la verdadera razón no es que no me gusta manejar, es -por Dios, no puede ser más obvio- que no me alcanza ni para mantener la Caribe que la viejita de al lado me regaló antes de morir. Cuando voy a tu casa uso el metro hasta la estación más cercana y tomo un pesero, me quedo en la esquina desde la que ya tengo calculado que el taxi me cobra $13 a tu casa. Luego cuando me bajo siempre ves que le digo al chofer que se quede con el cambio... $2 mugrosos pesos.

Compro chocolates baratos y luego los meto en cajas pirata de Ferrero que venden en el tianguis.

El vino chileno de la otra noche era Padre Kino.

El filete mignon era en realidad hígado de res.

Las rosas se las robé a la virgencita. -Ladrón que roba a ladrón-

Uso puntos y aparte para que parezca que te escribí más.

Charros... no entiendo como no pelas a un wey que se esmera tanto en no parecer lo que es.

Eso si, soy un bloguero bien famoso.

Uno chiquito, aunque sea uno.

Te dije que primero te iba a hacer cagarte de la risa : )

Me sobran dedos para contar a las personas que me hacen sentir como tú.

Ayer fue un carnaval de risotada y nostalgia. Mis pantorrillas hoy casi no me funcionan, mi jefa me regañó por llegar tarde y no sé cómo diablos le voy a hacer para levantarme mañana... pero, qué me importa! Si ayer pude brincotear y acordárme de la letra de las rolas de la Maldita Vecindá hoy ya me siento capaz de cualquier cosa.

Debo reconocer que mis expectativas eran muy pobres, pero como siempre, te encargas de cambiarme la forma de ver las cosas. Tienes esa virtud, el cine, la música y tú tienen esa virtud. El cine tiene la desventaja de que requiere mi vista, la música mi atención. A ti te puedo ignorar por completo, puedo cerrar mis ojos y aún así sentir ese calorcito de emoción recorriéndome los brazos, nada más de saber que estás cerca de mi.

Cuando estábamos en Lost Acapulco el piso retumbaba, de repente empezaste a mover la cadera y los hombros y entonces el piso se convirtió en una nube.

Después ya no me acuerdo qué más vimos, hasta Babasónicos. Me angustió verte desesperada, no sólo por el inevitable flashback de un prescindible capítulo de mi vida, sino por ese gesto de niño chiquito que saca de mi todo ese espíritu paternal y protector. Pero por qué nunca me escuchas?... ash, pinche necia! Aunque no soy muy diferente a tí, y sabes? hasta una metáfora resultó de todo eso: contigo, al igual que con los Baba, la cosa se disfruta más de lejitos.

Luego el Jarabe, que se rifó, en el inter aprendí que podría comer hamburguesas contigo por el resto de mi vida. Mientras tocaban esa rola, me escuchaste decir la cosa más ridícula del mundo y sé que estoy condenado a que te burles de mi para siempre. Ahora que lo pienso, creo que ya nunca voy a decir nada que me salga del corazón cuando estés cerca, porque si no nunca te vas a dejar de burlar de mi. -Dios, por qué me hiciste tan ridículo?-

Y ya al final, La Maldita me hizo recordar que alguna vez tuve 10 años. Ey Pa! fuiste pacheco, TAM-BIEN, te las tronabas.

La diferencia central entre tú y yo, es que tú eres rocker y yo hippie... se nota a la hora de bailar hehehe.

Total, que ayer me divertí mucho aproximadamente 3 horas, el resto divagó entre autocontrol, manejo de las emociones... y ver traseros y cinturas jóvenes y hermosas. Gracias por ser amable en mi primera vez.

Stefani

Caleb estaba sentado en el suelo. Hacía un calor de los mil demonios.

Veía como Stefani corría tras su pelotita roja, la pateaba con la torpeza propia de su edad. Caleb pensaba que tenía muy buenas cualidades para el futbol, que podría llegar a ser capitana de la Selección Mexicana. La pequeña rubia le exigió con una mirada a su padre que se levantara a jugar con ella. El padre nunca se pudo resistir a ese par de ojos grises desde su versión anterior, la misma mirada de su esposa. Stefani ganó por tres goles.

Stefani aprendió que en las cascaritas es una tradición recompensar al ganador con un “chesco”, así que fueron a la tienda y escogió un Boing de guayaba. No se le quitó la sed.

Llegaron a casa, Stefani corrió a buscar a mamá. La puerta estaba cerrada con seguro, tocó y no recibió respuesta. Caleb le ordenó que se preparara para bañarse y la niña con lo dócil que era de inmediato obedeció.

Carla tenía los ojos rojos, se limpiaba la nariz y su respiración era acelerada. Caleb la abrazó, pasó sus manos por todo el cabello de su esposa. Hacía tres meses que Carla no saliá de su recámara, tres meses llorando, tres meses recordando. Escuchó la regadera y preguntó si era Stefani la que se estaba bañando. Caleb le dijo que si y ella sonrió.

Agrdeció con un tierno beso a su esposo por todas sus atenciones, por seguir con ella, por secar sus lágrimas, por ser padre y madre. Ella se había quedado sin fuerza para seguir con esa mentira. Carla le dijo que Stefani ya había terminado de bañarse, que le llamaba para que le pasara una toalla. Caleb tomó una toalla y salió de la recámara, desde la puerta le dijo que ya casi era hora de cenar.

Mientras Stefani se vestía, el padre se dedicó a servir la mesa. Tres platos, tres manteles, tres vasos. Se quedó sentado esperando. Se jaló el cabello, se frotó las manos, se tapó la boca y finalmente lloró. Sabía que cenaría solo otra vez.

A la memoria de Stefani...

No importa como te llamen, no importa como te imaginen.

Te extraño, te veo, te añoro y te lloro. Algún día estare contigo.

Hospedado

Me gusta soñar contigo. Me gusta acordarme de aquellos días, caminando por la colonia Portales, visitando a tus excompañeros de la secundaria, cubriéndonos de la lluvia bajo el techito de la casa de mi vecino. Me acuerdo mucho de ti de camino a mi trabajo y siempre me pongo excusas estúpidas para que el taxi cruce inecesariamente frente a tu casa... honestamente, la nostalgia me hizo tocar a tu puerta alguna vez.

Cruzo todos los días por el mismo puente y recuerdo el día que me dirijiste la palabra por primera vez. Tengo grabados en mi memoria, palabra por palabra, los papelitos que me escribiste... "******* Paz".

Ayer me acordé de ti otra vez, sólo porque escuché hablar a alguien en el mismo tono hiriente en que tú lo hiciste ese 14 de Octubre. Me temblaron las piernas y si no me tiré al suelo a mecerme aprentándome los hombros fue porque ninguna culpa tenía mi acompañante, pero entonces mi sonrisa se borró y no ha vuelto hasta este momento... me conoces y sabes que eso es grave, muy grave.

Mi amor platónico, mi compañera, mi amiga, mi pareja... mi dolor; personalidad tras personalidad volviste. Y esas palabras que pareciera arrancaron del recuerdo de mi último día contigo se llevaban consigo una esperanza que se forjó de algunos años para acá, una idea que sostenía mi hipótesis de poder curar lo que te transformó y recuperarte para mí. Entendí que lo que te pasó no se podía comparar con un catarro, que tampoco era cuestión de arreglarlo, sino de asimilarlo... y yo con eso no puedo vivir.

Respondí como te respondí a ti, y aunque ni siquiera me implicaba, me dolió. Volví a quedarme sin dormir, volví a refugiarme en la amistad y me dieron ganas de fumar... así de crónico. Fue un flashback, un doloroso y desgarrador flashback ¿Qué hago con los restos? Ahora, por todo lo que te quiero voy a perder un mucho de lo poco que tengo. Un mucho que ni sabe, ni se quiere enterar. Un mucho que me ayudó a sobrellevarte... ¿Irónico, no? Pero así soy yo.

Ahora no soporto saberla mi amiga, no soporto saber que la quiero y no soporto que de ayer en adelante mi disposición se haya convertido en una repulsión llena de necesidad ¿cómo demonios explicar eso?

En mí está pedirle perdón, porque no supe corresponderle a su amistad, porque la maldita abominación de la atracción me jugó no chueco, chuequísimo. ¿Qué culpa tiene de que yo sea un imbécil? ¿Adónde me llevo toda la desvergüenza y el libertinaje que sólo ella me permitía y soportaba? Aunque tal vez nunca lo haya asimilado como tal, aunque tal vez nunca se haya enterado y aunque tal vez nunca le haya importado, yo la quería y la hubiera esperado. A lo mejor siempre pensó que sólo fue un juego... tenía razón.

Y todo esto lo entendí apenas ayer... debí llevarla a su casa.