Las lluvias

Mi oficina está muy cerca de la colonia Condesa, la zona de desastre.

La lluvia torrencial que desembocó en la granizada sin precedente (al menos en mi memoria) del miércoles acabó con las jardineras en las que solía limpiar mi zapato después de tener algún accidente debido a mi falta de precaución a la hora de caminar sobre lodo. Las banquetas llenas de hojas secas, de otras frescas pero despedazadas, los anuncions caidos y el pasto arrancado daban cuenta de que mi amigo Oscar no exageraba al decirme que en su casa parecian damnificados de Chiapas (con todo el respeto que me merece esa gente).

Personalmente me caga que llueva, odio llegar a mi casa empapado, pero como con muchas otras cosas que aborresco prefiero ser indiferente. La lluvia no es algo que se pueda ignorar, sin embargo se aprende a vivir con ella, mentalizarme siempre me ha resultado. Una vez que empieza a llover y que siento como el coraje va inundándome simple y sencillamente cierro los ojos y digo: "Ya valió verga!", esa frase amigos, es para mi la máxima expresión de resignación, una vez que se ha superado el temor o cualquier otro sentimiento que anteceda esta exclamación, el solo hecho de pensar en esas tres gloriosas palabras es autoliberador.

Por eso, en vista de que los pronósticos del tiempo no nos son favorables, le invito distinguido lector, a que casi academicamente concentre su energía en el estudio de la autoliberación, mandando todo a chingar a su madre y a exclamar (usted sabrá si como un delicado susurro o como un ensordecedor grito): "Ya valió verga!"

1 comentarios:

Yomero dijo...

Pues a der ser porque soy un escuincle y no salgo mucho, pero yo disfruto mucho la lluvia, aun cuando llueve rete harto, me calma mucho.