"Hijo ¿Què quieres ser de grande?" - "LaVolpe papá, quiero ser LaVolpe"

¿Y quién no? LaVolpe tuvo un trabajo de ensueño, ese trabajo con el que todos soñamos alguna vez, ese trabajo en el que el patrón nunca te exigirá demasiado, ese trabajo en el que siempre serás justificado por tus superiores frente a los socios y clientes aunque tu trabajo sea pésimo, ese trabajo en el que seas el tercer empleado mejor pagado del ramo aún cuando la empresa que representas no quedó ni siquiera entre las 8 mejores en una competencia de 32 participantes (y si nos limitamos a los que realmente tenían oportunidad de competir el número se reduce drasticamente), ese trabajo en el que seas mejor remunerado incluso que el lider mundial indiscutible en tu área (implícito está que esa remuneración es injustificada), ese trabajo en el que al final de tu contrato y a pesar de tus pobres resultados aún aspires a seguir al frente de la empresa que llevaste al fracaso y tengas el descaro de externarlo, un trabajo en el que las relaciones personales se impongan al bien común, un trabajo que tenga espacio para tus familiares aún cuando estos demuestran una y otra vez (al igual que tu) que no están capacitados para el puesto, un trabajo en el que puedas burlarte de los sueños de la gente a la que te debes, un trabajo en el que puedas despedazar las ilusiones de millones sin mostrar al menos un poco de vergüenza, un trabajo donde las promesas puedan quedarse sin cumplir y a pesar de ello se te prepare el camino para que a tu regreso se te reciba como un heroe, un trabajo en el que puedas sentirte satisfecho y orgulloso de tus fracasos y de la decepción que consigo llevan, un trabajo ligero, un trabajo bien pagado, un trabajo en el que mientras algunos de los empleados a tu cargo se parten el alma y dan todo de sí seas tú quien se adjudique los triunfos cuando estos llegan, un trabajo en el que puedas menospreciar los triunfos que empleados de menor nivel han logrado sudando y ensuciandose las manos, sin el soporte ni los apoyos que tú tienes... En fin, un trabajo como el tuyo Ricardo LaVolpe.