"Madre, no puedo verte trabajar... vete a trabajar a otro lado", rogaba el legendario Gordolfo Gelatino a la autora de sus dias, quien vivia ilusionada a la espera del regalo tantas veces prometido por el baqueton aquel, una cariñosisima plancha, la cual le facilitaria la empeniosa chamba de lavar ajeno. ¿Como no iba Donia Naborita a aguardar con pason el dia de las madres, si durante esas horas (poco mas del 0.27% del anio) sus desvelos se cobrarian sentido y reconocimiento? Ahora bien, con la proliferacion de dias querendones y bienintencionados, es de creerse que su porcentaje de dias oficialmente dichosos (su santo, su cumpleaños, navidad) Tendria que incrementarse hasta triunfalmente rebasar el dos porciento anual. Lo de menos es que la pobre mujer tuviese que ponerse la soba del anio para sufragar, preparar y servir la cena navidenia, y que inmediatamente despues debiera remojar el espiritu en detergente para trastes y pinol para el piso, pues sabemos que dichos menesteres son remuneradores de por si para quien, medio anio mas tarde, recibira satisfacciones tan excelsas como escuchar las manianitas por doquier y entrar al cine gratis, junto a cientos de cabezitas blancas cuyo placer conciste en la prerrogativa de ascender a la Gloria por 24 horas, luego de 8736 de calvario intensivo y redentor.
Se nos dice, por cierto, que durante esos dias especiales se realizan campanias de concientizacion destinadas a quitarnos lo ojete poco a poco. Una estegia meritoria, si bien un tanto laxa, pues para convertirnos en buenos hijos, esposos, ciudadanos o automovilistas nos otorga plaos que van de los trescientos anios en adelante. No obstante, hay que reconocer que algunos, los mas alertas y consecuentes, saben aprovechar esas doradas ocaciones para volverse buenos ipso facto.

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